viernes, mayo 31, 2013

La gracia barata es el enemigo mortal de nuestra iglesia.

Inspirado por mis lecturas sobre la vida y obra de Dietrich Bonhoeffer, les comparto mi devocional para el día de hoy.

“Entonces, ¿qué? ¿Vamos a pecar porque no estamos ya bajo la ley sino bajo la gracia? ¡De ninguna manera! ¿Acaso no saben ustedes que, cuando se entregan a alguien para obedecerlo, son esclavos de aquel a quien obedecen? Claro que lo son, ya sea del pecado que lleva a la muerte, o de la obediencia que lleva a la justicia. Pero gracias a Dios que, aunque antes eran esclavos del pecado, ya se han sometido de corazón a la enseñanza que les fue transmitida. En efecto, habiendo sido liberados del pecado, ahora son ustedes esclavos de la justicia.” [Romanos 6.15-18]

La gracia barata es el enemigo mortal de nuestra iglesia. Nuestra lucha hoy es por la gracia cara.

Gracia barata significa gracia como productos de oferta, el perdón pagado a precio contado y en cómodas cuotas mensuales, perdón a precio de saldo o sacramentos con descuentos. Cuando la gracia, aquella despensa inagotable de la iglesia se reparte entre manos descuidadas, sin vacilación ni límite, sin un precio, entonces hacemos de la gracia algo sin valor.

La doctrina de la gracia barata como principio, como sistema, es cuando hablamos del perdón de pecados como una verdad general, como una mera idea cristiana de Dios. Las iglesias que predican la doctrina de la gracia barata suelen estar llenas de personas que buscan un remate de perdón de Dios, ojalá pagando una suma de dinero, para que, de una u otra forma, poder mostrar la boleta de compra y tener posibilidad de reclamo en el proceso de reconciliarme con Dios. Pero se nos olvida que la expiación, la sustitución personal y particular por nuestros pecados en Cristo, es la más grande demostración del infinito precio que pagó Dios para reconciliarse con nosotros. No porque nos debiera algo, sino porque nos amó sin medida. Nos amó y planificó todo desde antes de decir “Que se haga la luz”.

La gracia barata es, por lo tanto, la negación de la palabra viva de Dios, la negación de la encarnación de la Palabra de Dios, del Verbo. La negación de Dios mismo. La gracia barata es la gracia que nos otorgamos a nosotros mismos. La gracia barata es la predicación del perdón sin arrepentimiento, es el bautismo sin la disciplina de la comunidad, es la Cena del Señor tomada indignamente, es la absolución sin confesión personal delante del Dios de eterna santidad. La gracia barata es la gracia sin discipulado, gracia sin la cruz, gracia sin la vida, gracia sin Jesucristo encarnado.

¿Por qué es que tantas iglesias están proclamando la "gracia barata"? ¿Qué pasa con aquellos discípulos que fueron llamados inapelablemente a ser sal incluso dentro de la Iglesia? ¿Se han vuelto insípidos, sin valor y, por lo tanto predican lo que hay en sus corazones, o sea, una gracia barata?

Por la misma gracia cara de la que nos hablan las Escrituras, aún hay esperanza para los que le temen. El Salmo 51.10-13 dice:

“Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio,
y renueva la firmeza de mi espíritu.
No me alejes de tu presencia
ni me quites tu santo Espíritu.
Devuélveme la alegría de tu salvación;
que un espíritu obediente me sostenga.
Así enseñaré a los transgresores tus caminos,
y los pecadores se volverán a ti.”

Pensemos en la proclamación y la práctica de nuestras comunidades de fe (nuestras iglesias locales) y oremos para que Dios nos libre de la gracia barata.

miércoles, mayo 29, 2013

¿Discípulo de Jesús? Eres sal, quieras o no.


"Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve insípida, ¿cómo recobrará su sabor? Ya no sirve para nada, sino para que la gente la deseche y la pisotee."
[Mateo 5.13]



"Ustedes son la sal de la tierra". No dice "Ustedes deberían ser la sal". A los que son discípulos no se les da la opción si quieren o no ser sal. No se apela a la voluntad del discípulo para convertirse en la sal de la tierra. Simplemente son la sal, quieran o no, por imperativo del mismo que los llamó a ser discípulos. Eres sal. 
Tampoco dice "Ustedes tienen la sal", ya que eso sería disminuir el sentido de ser sal y lo relegaría a una simple herramienta. Ser sal no es una herramienta, sino que implica todo el ser del discípulo, toda su existencia. Cada área de la vida.
Todos los que han sido llamados por Cristo a ser discípulos han sido, a su vez, llamados a ser sal para detener la descomposición moral y sazonar a la sociedad con la riqueza y la plenitud del Evangelio de Jesucristo, en todas las áreas de la vida.