martes, octubre 14, 2014

Una reunión de oración excepcional

El renacimiento de la Iglesia de los Moravos en mayo de 1727, había resultado en gran parte por un fuerte énfasis en la oración. Los meses siguientes, un espíritu de oración tomó cuenta de la pequeña comunidad evangélica. El día 27 de agosto de ese mismo año, 24 hombres y 24 mujeres se comprometieron a orar una hora al día de forma secuencial, de modo que siempre había alguien orando por misiones.
Esa "vigilia de oración" sensibilizó al conde Zinzerdorf y a la comunidad de Moravia a querer alcanzar a otros para Cristo. Seis meses después de haber iniciado la vigilia, el conde desafió a los compañeros a evangelizar las Indias Occidentales, Groenlandia, Turquía y Laponia. Al día siguiente, 26 moravos se ofrecieron como voluntarios para las misiones mundiales, donde quiera que Dios quisiese enviarlos.
La vigilia de oración prosiguió sin interrupción, veinticuatro horas por día, durante más de 100 años.
En 1792, sesenta y cinco años después del inicio de la vigilia, la pequeña comunidad moravia había enviado 300 misioneros hasta los confines de la tierra.
(Texto original de Alderi Souza de Matos. Puede leer el texto en http://www.mackenzie.com.br/6979.html)

La dinámica de las misiones siempre es la misma: después de orar, o vas o envías. 
Nuestra mezquindad es la que nos impide ir. Pero también es mezquino aquel que, ante alguien que está dispuesto a ir, no envía... porque orar no lo es todo.

Oremos para cambiar nuestra realidad. 

jueves, septiembre 25, 2014

El pedo y la teología (por Junior Souza)

El otro día estaba en un Supermercado grande haciendo algunas compras y escuchando música con volumen muy alto en mis audífonos. No sé si has tenido la misma sensación, pero cuando apreto play, creo que todas las personas a mi alrededor también están escuchando la misma música que yo.
Por causa de esa sensación de protección sonora, mi impresión era que todas las personas del Supermercado estaban escuchando el mismo hardcore que yo. Así, no titubee cuando mi cuerpo deseó liberar algunos gases producidos por mi sistema digestivo. No tuve dudas; dejé a la naturaleza seguir su perfecto curso, y hasta confieso que hice un poquito de fuerza para que todos los gases fuesen expelidos.
Imagino que ese acto produjo aquel ruido característico en un buen y alto sonido. Inmediatamente observé miradas de espanto, disgusto, indignación, constreñimiento y asco viniendo de los suertudos que estaban en el mismo pasillo que yo.
Al principio me extrañé de sus miradas, pero sólo entonces recordé que el único escuchando música en ese momento era yo. Todos los demás allí presentes estaban testimoniando la sinfonía producida por mi organismo.
Pensé que aquella música me protegería de la vergüenza. Pero no fue así. La canción tocaba solamente en mi cabeza.
La teología triunfalista (teología de la prosperidad, de los decretos y declaraciones) actúa de la misma manera en nuestra vida. Ella genera una expectativa de protección extrema que existe solamente en las cabezas de aquellos que escogieron seguir esa idea. Al final de cuentas ella no existe en la Biblia, sino en el discurso de líderes mal intencionados y en púlpitos corrompidos que venden falsas esperanzas.
Tengo una fe simple en Dios y en su Reino. Frecuentemente me siento protegido, consolado y amparado por esa creencia. Pero confieso que muchas otras veces esperé una protección que, como aquella música, sólo existía en mi cabeza… pero no llegó.
No fui protegido. Varias veces la luz en casa fue cortada, fui despedido muchas veces, tuve que enfrentar enfermedades de personas que amo, vi mi tarjeta de crédito ser rechazada, y tener mi nombre inscrito en el registro de deudores… y la lista continúa.
Por eso continúo luchando con la vida, la falta de finanzas, limitaciones físicas y enfermedades, sabiendo que no seré protegido de todas las cosas que me gustaría. Pero continúo creyendo en la afirmación de Jesús: Estaré contigo todos los días.
No tengo tanta protección, pero sí estoy bien acompañado.

(Junior Souza es pastor en la iglesia Capital Augusta en la ciudad de Sao Paulo)

miércoles, julio 09, 2014

¿Cómo quieres que sea tu iglesia?

Alguien una vez escribió:
"Esta es mi iglesia. Está compuesta de personas como yo.
Será amable si yo soy amable; hará un gran trabajo, si yo hago un gran trabajo; diezmará si yo diezmo; dará ofrendas generosas, si yo doy ofrendas generosas; traerá a los inconversos, si yo también los traigo; será una iglesia fiel, si yo soy fiel; será una iglesia amorosa, si yo soy amoroso; será una iglesia que sirve, si yo estoy primero al servicio"
Yo solamente podría agregar: "Será una iglesia preocupada por mi, si yo me preocupo y me comprometo primeramente con ella"
Si quiero cambios en mi iglesia, es porque la quiero.

viernes, junio 27, 2014

El desafío de ser pastor.

Ser pastor es depender del Eterno para intentar ser la persona correcta en el lugar correcto la mayoría de las veces. Ser pastor es tener el coraje de hablar aquello que es necesario hablar, y no solamente aquello que alguien quiere escuchar. Ser pastor es exponerse, muchas veces, a ser incomprendido. Ser pastor es buscar ser un amigo que lleva el mensaje del mejor amigo: Jesucristo. Ser pastor es tener el coraje y el amor de aconsejar el camino correcto cuando el mundo anda en el camino del error y la mentira. Ser pastor, felizmente, es tener el corazón alegre y tranquilo al ver que se hace lo correcto, a pesar que eso te haya costado salir mal en la foto. Ser pastor es buscar ser fiel a las palabras de vida que nuestro Señor Jesucristo nos dejó. Ser pastor es ser mensajero de las buenas nuevas del evangelio. Ser pastor es intentar ser el hombro y abrazo amigo, principalmente cuando la vida, las circunstancias y el mundo decepciona y derrumba a las personas y familias. Ser pastor es más que una tarea, un ministerio o misión. Ser pastor es depender del apoyo, de las oraciones y de la cooperación de las ovejas. Ser pastor es buscar el bien de los hijos e hijas de Dios que Él le confió. Ser pastor es preparar a otros pastores, formar discípulos que puedan cooperar con el cuidado del pueblo de Dios y con la salvación de las almas y con la evangelización de todo pueblo, raza, lengua y nación. Ser pastor es recibir aliento del Eterno y buscar ser un canal de aliento. Ser pastor es saber que siempre hay mucho para mejorar y que siempre habrá fallas en esta labor. Ser pastor es ser amado por gente exponencial: las ovejas de nuestro Señor. Ser pastor es seguir siendo pastoreado por los hermanos y por el Gran pastor de las ovejas.

Un abrazo. Pastor Jeremías Pereira.