sábado, diciembre 22, 2012
viernes, octubre 19, 2012
Tatuajes: todo un tema.
Ante varias preguntas al respecto, publico un nuevo artículo sobre el tema. Se suma al anterior que ya está publicado acá. Espero que sea de bendición para ustedes.
Hacerse o no un tatuaje… un tema de principios.
Las escrituras declaran que nuestro
cuerpo es templo del Espíritu Santo, según 1ª Corintios 6.19 “¿Acaso no saben
que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, quien está en ustedes y al que han
recibido de parte de Dios? Ustedes no son sus propios dueños”
Siendo así, es
sensato conocer cuál es el padrón de Dios para este templo.
El texto que más se usa para
argumentar en contra del uso de marcas en la piel es Levítico 19.28 “No se hagan heridas en el cuerpo por causa
de los muertos, ni tatuajes en la piel. Yo soy el Señor”
Pero así
y todo, no tenemos explicitado claramente un mandamiento sobre este tema en las
escrituras; pero tenemos algunos principios que pueden ayudarte a decidir sobre
esto.
No es una
norma, pero puede ayudarte a discernir entre hacer algo o no hacerlo.
Principio 1: Lo que quiero hacer, ¿es
útil y provechoso, tanto física, mental y espiritualmente? ¿Conviene que lo
haga?
“Todo me
está permitido, pero no todo es para mí bien” [1ª Corintios 6.12a]
Principio 2: Lo que quiero hacer,
¿puede dominarme?
“Todo me está permitido, pero yo no
dejaré que nada me domine” [1ª Corintios 6.12b]
Principio 3: Lo que quiero hacer,
¿ofende a otros? ¿Los escandaliza?
“Por lo tanto, si mi comida ocasiona
la caída de mi hermano, no comeré carne jamás, para no hacerlo caer en pecado”
[1ª Corintios 8.13]
Principio 4: Lo que quiero hacer,
¿glorifica a Dios?
“En conclusión, ya sea que coman o
beban o hagan cualquier otra cosa, háganlo todo para la gloria de Dios” [1ª
Corintios 10.31]
Sabiendo que no somos guiados por
reglas sino que por el Espíritu Santo, y que el modo por el cual el Espíritu
Santo nos guía es la Palabra de Dios, lee y medita en cada cosa expuesta aquí y
ora para que la voluntad de Dios se cumpla en tu vida en todo lo que hagas.
Hacerse o no un tatuaje… un tema del corazón.
Pienso que si predico que no usen
tatuajes (o aros o un jeans) por la imagen de la tradición, por la exaltación
de la denominación, por la gloria de la imagen moral de sí mismo, dejamos a
Dios en un segundo plano y la predicación en contra del tatuaje pasa a ser
pecado, porque desvía la mirada hacia la gloria de Dios y la coloca en las
actitudes morales.
De la misma manera, si me hago un
tatuaje para reafirmar mi identidad, para ir en contra del sistema, para
jactarme de mi libertad en Cristo, para
atraer las miradas de las personas, entonces el uso del tatuaje (o de un aro o
de un jeans) se torna pecado, porque se coloca un placer pasajero en el centro
de mi vida, colocando a Dios de lado.
Sea cual sea la opción podemos darnos
cuenta que el problema de fondo es el objetivo del corazón del creyente.
Simón el Mago, relatado en Hechos
8.9-25, buscaba gozar de los dones del Espíritu (los cuales Pablo nos insta a
buscar), pero Simón en Mago lo hacía con objetivos totalmente carnales y no
regenerados. Si hacemos o nos abstenemos de algo guiados por nuestros propios
deseos no regenerados, cometemos pecado. O sea, si nos tatuamos o no nos
tatuamos basados en nuestros propios deseos, cometemos pecado.
Hacerse o no un tatuaje… un tema símbolos.
Levítico 19.28 condena el tatuaje en
el Israel antiguo. Esa prohibición era parte de el denominado “Código de
Santidad”, una sección amplia de Levítico dedicada a leyes que fueron dadas a
Israel para distinguir al pueblo de Dios de las naciones que le rodeaban. Los
gentiles usaban tatuajes, por lo tanto, Israel no debería usarlos pasa así
tener una demostración visible de que Israel era un pueblo santo, separado para
Dios. A partir del contexto de Levítico 19.28 podemos percibir que los tatuajes
eran específicamente prohibidos eran aquellos realizados como parte de una
ceremonia pagana (especifica “por tus muertos”), a pesar de que algunos piensen
que es una prohibición amplia en contra de todos los tatuajes.
Este planteamiento se confronta con la
venida de Cristo, quien derribó el muro divisorio entre judíos y gentiles
(Efesios 2.12ss). Específicamente, esto significa que las leyes que fueron
dadas para separar a Israel del resto de las naciones ahora son
contraproducentes si las aplicamos de la misma forma que el Israel antiguo las
observaba. Debemos adaptar nuestra aplicación de la ley para seguir y cumplir
el propósito de la ley a la luz de los cambios que Cristo trajo.
Considera el ejemplo de la
circuncisión. Este mandato distinguía a Israel de los cananeos en la Tierra
Prometida. Pero el nuevo testamento nos enseña claramente que, para ser santo
delante de Dios, ya no se requiere más de la circuncisión (Romanos 2.17-29;
Gálatas 2.11-21). La circuncisión era un símbolo exterior de la dedicación a
Dios. Pero ese símbolo exterior, que dividía a los pueblos racialmente, deja de
ser útil. El pueblo de Dios procede ahora de toda nación (la promesa de Dios a
Abraham), de quienes se humillan ante Dios para tener un corazón puro (Romanos
2.29), cosa requerida igualmente en el Antiguo Testamento, y el símbolo externo
de esta pertenencia, de entrada en el nuevo pacto, es el bautismo, que erradica
cualquier connotación racial y substituye la circuncisión, como dice Colosenses
2.6-23.
Hay que dejar claro que no todo lo que
aparece en el “Código de Santidad” tiene este mismo objetivo. Recordemos lo que
Cristo dice cuando le preguntan cuál es el mandamiento más importante y
responde que amar a Dios y al prójimo. Las leyes morales ayudaron a Israel a
distinguirse de las otras naciones.
Ahora, si hay alguien que piensa que
el tema de los tatuajes es un asunto moral, entonces que esa persona se
abstenga. Yo, personalmente, no tengo razones para pensar que los tatuajes sean
una cuestión moral. Bíblicamente no encuentro argumentos que demuestren
relación entre tatuaje y moral. Si pensamos que es algo moral, entonces
deberíamos aplicar el mismo principio en cosas como que los hombres no se
pueden cortar el cabello en redondo ni despuntarse la barba (Levítico 19.27).
Estas prácticas son inocentes en sí mismas, pero eran abominación en el Israel
antiguo porque estaban asociadas a rituales paganos como la adivinación,
rituales de muerte, prostitución cúltica, etc., como relata Levítico 19.26-31.
Si las acciones no poseen asociaciones
perversas en nuestro tiempo, entonces no existe ninguna razón para prohibirlas.
lunes, octubre 01, 2012
Pasos para encarar las misiones urbanas.
Ruego a todos los cristianos que están preocupados por hacer la voluntad de Dios y por alcanzar a las personas para Cristo a considerar el desafío de las ciudades en crecimiento que hay en todo el mundo. Un desplazamiento tan numeroso de personas debe tener detrás un propósito divino, y requiere nuestra respuesta.
La pregunta no es si preferimos vivir en las ciudades, la pregunta es si iremos allí donde se necesitan obreros y donde Dios quiere que vayamos. Es la misma pregunta que Dios le hizo a Jonás, el profeta. Las ciudades ofrecen oportunidades únicas para alcanzar a grandes números de personas con el evangelio de Jesucristo y extender su reino en la tierra.
Quisiera sugerir algunos pasos para quienes están empezando a darse cuenta de lo que las misiones urbanas pueden lograr –en términos del reino de Dios- y están dispuestos a explorar lo que Dios se propone.
Lo primero y más importante es tu propio desarrollo espiritual. El ministerio en las ciudades requiere que te pongas “toda la armadura de Dios” (Efesios 6), no sólo una vez o en forma ocasional, sino a diario. Por lo tanto, amplía tus horizontes espirituales. Procura algo más que tu desarrollo espiritual individual, involúcrate en ministerios relacionados con la iglesia, y en aquellos en los que tengas que pagar un costo personal a fin de contribuir al desarrollo de otros.
En segundo lugar, conviene que te comprometas en alguna clase de obra misionera urbana organizada. Esto te dará experiencia valiosa y pondrá a prueba tus dones para el ministerio. Ofrécete a un pastor, evangelista o misionero urbano como “aprendiz”. Observa cuidadosamente cómo usa el Señor a sus obreros. Aprende todo lo que puedas acerca de cómo presentar el Evangelio a diferentes grupos de personas y cómo responder a sus diversas necesidades.
Tercero, lee libros y periódicos que se ocupen de la labor misionera en las ciudades y aprende todo lo que puedas sobre diferentes modelos de ministerio urbano. Si puedes, toma un curso sobre ministerio en las ciudades, en alguna escuela o seminario bíblico; algunas instituciones ofrecen programas especiales sobre misión urbana.
Cuarto, investiga una ciudad en particular. Comienza estudiando un mapa de la ciudad e identificando sus diferentes secciones: áreas comerciales, zonas industriales, barrios residenciales entre otros. Observa más de cerca las áreas donde está creciendo la población y la clase de personas y de culturas que se encuentras allí. Luego elige un vecindario concreto y estudia su gente: su religión, su cultura, su idioma y su condición social. Investiga sobre sus necesidades espirituales, sociales y materiales. Averigua si hay iglesias activas orientadas hacia los grupos que hablan idiomas distintos. Piensa en formas en que sería posible extender el Reino de Dios en este vecindario en particular.
Siguiendo estos pasos aprenderás cómo llega a ser un misionero efectivo y promover el Reino de Cristo en el sitio más estratégico en el mundo en este momento: las ciudades.
(Tomado del capítulo 14 del libro ¡Vayan y hagan discípulos! de Roger Greenway)
jueves, mayo 17, 2012
El colapso de la sociedad
El
profeta Miqueas hizo un diagnóstico de la sociedad de su tiempo. Dos mil
setecientos años ha pasado y los problemas identificados en aquel tiempo
parecen ser los mismos. Los tiempos cambiaron, pero el corazón del Hombre es el
mismo. Los mismos problemas que llevaron a la nación de Judá al colapso,
todavía hoy amenazan a nuestra civilización hacia la quiebra total. ¿Cuáles
eran esos problemas?
1. La
explotación de los pobres por los ricos (Mq 2.1,2) – Los ricos imaginaban la maldad en
sus lechos y a la luz del día llevaban a cabo aquello, porque el poder estaba
en manos de ellos. Codiciaban campos y los arrebataban. Codiciaban casas y las
tomaban. Violentaban a los pobres al crear leyes y sistemas de opresión para
asaltar el derecho del pobre. Ellos hacían las leyes, manipulaban las leyes,
escapaban de las leyes, porque se colocaron por encima de la ley. Todo el
sistema económico actuaba en beneficio de los poderosos. Los pobres no tenían
voz. Vivían oprimidos, amordazados, perdiendo sus bienes, sus familias e
incluso su libertad.
2. La
corrupción de políticos inescrupulosos (Mq. 3.1-3) – La clase política de Judá se había
corrompido a tal punto que Miqueas los llama “caníbales”. Ellos se comían la
carne del pueblo, arrancaban la piel y quebraban los huesos. Aborrecían el bien
y amaban el mal. En vez de que el liderazgo político ejerciera justicia,
actuaba de forma draconiana, oprimiendo al pueblo, cobrando impuestos abusivos
para poder ostentar su lujo. Cuando el injusto gobierna, el pueblo gime. Cuando
la injusticia prevalece, la nación se desespera.
3. La
injusticia clamorosa del poder judicial (Mq 3.11) – No solamente la clase política
había naufragado en el profundo mar de lucro inmoral, sino también el poder
judicial que debía fiscalizar con justicia los actos del gobierno, también se había
entregado a la seducción de la riqueza ilícita. Miqueas dice que ellos emitían
sentencias por soborno. Ellos no juzgaban conforme a la justicia ni por el
criterio de la verdad. Los pobres no tenían chance de defender su causa porque
los jueces eran sobornados y sus sentencias eran compradas.
4. La
decadencia generalizada de la familia (Mq 7.6) – La decadencia de la sociedad de
Judá procedía del palacio, pasaba por el poder judicial y bajaba a la
estructura familiar. Las familias ya no eran reductos de reserva moral, sino
que campos de batalla. El conflicto se había instalado dentro de la propia
familia. Los hijos despreciaban a los padres, las hijas se levantaban contra
las madres, las nueras en contra de las suegras y los enemigos del Hombre eran
los de su propia casa. La familia, en vez de ser una contracultura en una
sociedad decadente, era el espejo de esa sociedad. El mal que estaba
destruyendo la nación, estaba instalado en el núcleo más íntimo de la nación:
la familia.
5. La
apostasía galopante de la religión (Mq 3.11) – La religión judía debía ser como un faro de luz en
medio de la oscuridad idolátrica pagana. Los judíos tenían la Palabra de Dios.
Ellos eran el pueblo del pacto. Ellos fueron escogidos por Dios para ser luz a
las naciones. Pero, en vez de que el pueblo de Dios influenciara en el mundo,
el mundo influenció al pueblo de Dios. La religión de ellos se contaminó por el
fermento del lucro. Sus sacerdotes enseñaban por interés, sus profetas
adivinaban por dinero. El amor al dinero y la ganancia por el lucro fácil les
corrompió el alma y los hizo caer en las redes insidiosas de la apostasía.
Este
no es solo el diagnóstico de una sociedad antigua, sino que es el lamentable
retrato de la sociedad mundial. No
nos podemos callar. No podemos conformarnos. ¡Es tiempo de levantarnos y
actuar!
Rev.
Hernandes Dias Lopes – Pastor presbiteriano. (Traducido y editado por Jano Molina)
Las cursivas son del editor.
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