martes, mayo 20, 2014

Animando a los mentores espirituales

Cuando entré a estudiar al Seminario Teológico Presbiteriano de Chile, el pastor de mi iglesia me invitó a trabajar una mentoría que me ha ido preparando para el ministerio. Más allá de aspectos pragmáticos, su interés está puesto en poder ir puliendo aquellos aspectos de mi personalidad que podrían ser minas antipersonales en mi futuro trabajo como pastor de una comunidad. Trabajar el carácter de una persona ha de ser una de las cosas más complejas de la vida. De hecho, en el ejército se acostumbra a hacerlo mediante un régimen estricto de obediencia y sumisión con castigos para quienes no logren trabajar su carácter. Esto no ocurre en un seminario. Pero sí es necesario trabajar el carácter.
Muchas veces quisiéramos que eso de "trabajar el carácter" sea algo instantáneo. Tal vez una fórmula o, mejor aún, una especie de oración modelo. Pero mentorear la vida de otro para pulir su carácter lleva tiempo... y no estamos acostumbrados a invertir tiempo. Menos en cambiar nuestro carácter.
Eugene Peterson, pastor presbiteriano de la PCUSA hace una recomendación a personas que, como yo, estamos siendo mentoreados y guiados para el trabajo pastoral. Él hace una analogía interesante usando parte de la historia del libro Moby Dick. En ese barco ballenero, todo el mundo está haciendo muchas cosas. Todos se mueven de un lado a otro. Todos corren por la cubierta, llenos de cosas que tienen que hacer preparándose para la caza. Todos están muy ocupados, menos un hombre: el que tira el arpón. El no está haciendo nada más sino mirando las aguas en un estado de alerta máxima. Cuando llegue el momento de apretar el gatillo para tirar el arpón, él debe hacerlo desde un estado de tranquilidad y concentración. Si él falla, todos fallan. Si él no se concentra y pasa tiempo observando, todo el trabajo será un fracaso.
Quien trabaja como mentor de otro, también necesita tiempo para observar y pensar sobre lo que está ocurriendo en la vida del estudiante. Si no sabe o no puede tener una pausa, o si su agenda está sobrepasada, probablemente no va a poder proveer una guía adecuada.
Por eso, esa persona que está contigo emocional, mental y espiritualmente, no necesita más presión proveniente de tu ansiedad por cambiar las cosas que, como si se tratara de un checklist, supuestamente te harán cambiar. Los cambios provienen de una vida que se somete a la Escritura y que se alimenta del poder que emana eternamente de la verdad del evangelio.
Que Dios bendiga a quienes mentorean la vida de otros.
Que Dios nos ayude a mentorear la vida de otros.
Que Dios nos permita ser como Bernabé.

martes, abril 29, 2014

Del por qué soy contrario a los neopentecostales. Argumento 2: La letra mata.

Es interesante ver cómo, desde muchos sectores neopentecostales, se critica al cristianismo reformado por seguir "antiguas filosofías de hombres", argumentando tener ellos revelación fresca de Dios para la iglesia. Puede revisar en mi "Argumento 1" de esta serie de argumentos, mi opinión al respecto. 
Pero no se quedan sólo ahí, sino que también hablan en contra de las iglesias reformadas diciendo que son "demasiado católico-romanas" en sus liturgias y doctrinas. Como diría un conocido futbolista: ¡Puras falacias!
Me llama poderosamente la atención esto último puesto que, si revisamos la historia, rápidamente nos podemos dar cuenta que el fortalecimiento del romanismo no es algo que se desprende sólo del hecho que Constantino tomara las armas para dominar imperialmente. Me atrevo a decir que, si este hecho es uno de los pilares, el otro pilar del fortalecimiento del romanismo fue el hecho de someter a los creyentes en una profunda ignorancia respecto de la Palabra de Dios. Al parecer los "romanistas" son otros.
Así como los romanistas sometieron en la ignorancia a los cristianos, hoy los neopentecostales desincentivan la lectura de la Escritura diciendo que "La letra mata, pero el Espíritu vivifica". También los desmotivan a leer los grandes y maravillosos legados teológicos de hombres de Dios que estudiaron profundamente las Escrituras diciendo que "El conocimiento envanece, mas el amor edifica". 
Dios respaldó totalmente el trabajo de Wycliffe, Hus, Zwinglio, Lutero, Calvino, Knox y muchos otros que confrontaron a los mentirosos y anatemas de su tiempo, porque la Escritura los empoderó para hacerlo. No veo que se hayan muerto por la letra ni que se hayan envanecido por su conocimiento.
En Juan 10:35, Jesús dijo: "La Escritura no puede ser quebrantada". En Mateo 24:35, Jesús dijo: "El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán". No es la tradición cristiana, sino nuestro propio Señor el que nos manda a leerla y escudriñarla. El interés del Señor por que estudiemos la Escritura es tan grande que Él mismo reprendió a los saduceos diciéndoles "Erráis, ignorando las Escrituras" en Mateo. 22:29.
Lo que afirmo no es un par de textos fuera de contexto, como acostumbra a hacerlo la "tradición" neopentecostal. Podría dar muchos más textos que nos invitan a estudiar Su palabra. Sólo por colocar un par de ejemplos más, en Apocalipsis 1:3 Dios mismo dice: "Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de ésta profecía, y guardan las cosas en ellas escritas". Es tan importante que en 2a Timoteo 3:15-16 Pablo, inspirado por el Espíritu Santo, dice "Las Sagradas Escrituras te pueden hacer sabio para la salvación, por la fe que es en Cristo Jesús. Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia".
Cuando los líderes de las iglesias neopentecostales invitan a las personas a no leer o no estudiar las Escrituras porque la letra mata, no solamente están quitando el alimento espiritual al cuerpo de Cristo, sino que también
 estarían despojando del camino de la salvación a quienes Dios escogió desde antes de la fundación del mundo. Al parecer, los que no edifican en amor son otros.
Así como los romanistas acusaron de herejes a los que lucharon por traducir la Escritura para hacerla accesible al pueblo, hoy los pseudo evangélicos de los movimientos apostólicos acusan de "religiosos" a los que estudiamos la Biblia y confrontamos las herejías y fraudes de sus pseudo iglesias. Definitivamente los más parecidos a la iglesia católico-romana no somos los reformados.
Oro para que yo mismo, junto con estos líderes y sus seguidores, podamos doblegarnos ante la evidencia irrefutable de que la Escritura es suficiente. Y que su estudio vivifica.

lunes, abril 28, 2014

Del por qué soy contrario a los neopentecostales. Argumento 1: Revelaciones anatemas.

En Trento (1546), 53 obispos católicos insistieron en considerar dentro de la Escritura algunos libros que habían sido considerados apócrifos ("apócrifo" proviene del griego "apokrupha" y significa "no reconocido" o "no canónico"), básicamente porque Roma necesitaba argumentos "inspirados" para someter a los monjes protestantes que planteaban que la Escritura canónica y toda su revelación era suficiente.
De la misma manera, hoy hay algunos que se dicen "Profetas" y "Apóstoles" argumentan la necesidad de nuevas revelaciones, por considerar la Escritura insuficiente, básicamente porque en ella no encuentran argumento para someter a las personas.
En Apocalipsis 22.18 dice "Si alguno añadiere a estas cosas, Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro". Y con esta severa advertencia termina la revelación de Dios: la Biblia.
Ergo, todo aquel que plantea que la Escritura no es suficiente revelación y asegura tenerla personal y particularmente, es un anatema, aparte de ser un arrogante, como dijo un gran amigo.

Sola Escritura...

viernes, febrero 28, 2014

10 tipos de hombres con los cuales una mujer cristiana no debería casarse.

(Por J. Lee Grady - Leer original en inglés aquí)
Mi esposa y yo criamos cuatro hijas (sin escopetas en casa) y tres de ellas ya se casaron. Amamos a nuestros yernos y es evidente que Dios escogió “con pinzas” a cada uno de ellos para hacerlos calzar con los temperamentos y personalidades de nuestras hijas.
Siempre he pensado que a Dios le gusta actuar como “casamentero”. Si Él pudo hacer eso por mis hijas, Él puede hacerlo por ti.
Conozco muchas amigas solteras que les gustaría bastante encontrar a la persona correcta. Algunas me dicen que las opciones son escasas en sus iglesias. Entonces, se aventuran en el mundo de los encuentros online. Otras desisten desesperanzadas, pensando si acaso queda algún cristiano decente por ahí. Comienzan a cuestionarse si deberían bajar sus patrones para poder encontrar pareja.
Mi consejo permanece: no te conformes con menos de lo mejor de Dios. Muchas cristianas han terminado con un “Ismael” porque la impaciencia las empujó a un casamiento infeliz. Por favor, acepta mi consejo paternal: estás mejor soltera que con el hombre equivocado.
Hablando de “hombres equivocados”, aquí están los 10 tipos de hombres que deberías evitar a la hora de pensar en matrimonio:
  1. El incrédulo. Por favor, escribe 2ª Corintios 6.14 en un post-it y pégalo en tu computador. El texto dice “No formen yunta con los incrédulos. ¿Qué tienen en común la justicia y la maldad? ¿O qué comunión puede tener la luz con la oscuridad?”. Esto no es una regla religiosa anticuada. Es palabra de Dios para ti hoy. No permitas que el encanto, el visual o el éxito financiero de un hombre (o la disposición de él de ir a la iglesia contigo) te lleve a comprometer lo que sabes que es correcto. El “noviazgo misionero” nunca es una estrategia sabia. Si el joven no es un cristiano regenerado, bórralo de tu lista. Él no es lo correcto para ti. Aún estoy buscando una mujer cristiana que no se haya arrepentido de casarse con un incrédulo.
  2. El mentiroso. Si descubres que el hombre con quien tienes una relación te ha mentido sobre su pasado, o que siempre está cubriendo sus rastros para esconder secretos de ti, huye por la salida más próxima. El casamiento debe ser construido sobre un fundamento de confianza. Si él no puede ser confiable, termina ahora antes que él te engañe con una decepción aún mayor. 
  3. El playboy. Me gustaría poder decir que si encuentras un buen chico en la iglesia, puedes asumir que él vive en pureza sexual. Pero ese no es el caso hoy. He oído historias tenebrosas sobre solteros que sirven en el grupo de música del domingo, pero que actúan como Casanovas durante la semana. Si te casas con alguien que estaba durmiendo por ahí antes de casarse, ten la seguridad que estará durmiendo por ahí después de casarse.
  4. El perezoso. Hay muchos cristianos firmes que experimentaron el fracaso conyugal años atrás. Desde el divorcio que están experimentando la restauración del Espíritu Santo y, ahora, desean casarse nuevamente. Los segundos matrimonios pueden ser muy felices. Pero si descubres que el hombre con el que tienes una relación no se preocupa de sus hijos de un matrimonio anterior, una falla ha sido expuesta. Cualquier hombre que no pague por sus errores del pasado o no sustente a sus hijos de su casamiento anterior no te tratará con responsabilidad.
  5. El viciado. Los hombres de iglesia que tienen vicios con alcohol y drogas, saben esconder sus problemas (pero tú no quieres esperar hasta tu luna de miel para descubrir que él es un bebedor). Nunca te cases con un hombre que rechaza pedir ayuda por su vicio. Insiste en que él consiga ayuda profesional y apártate. No entres en una relación de dependencia en la que él afirma que te necesita para poder estar sobrio. No podrás ayudarlo.
  6. El vago. Tengo una amiga que percibió, sólo después de casarse, que su novio no tenía planes de conseguir un trabajo fijo. Él había elaborado una muy buena estrategia: él se quedaría en casa todo el día para jugar videojuegos, mientras su esposa trabajaba afanosamente y pagaba todas las cuentas. El apóstol Pablo dice a los tesalonicenses: “El que no quiera trabajar, que tampoco coma” (2ª Tesalonicenses 3.10). La misma regla se aplica aquí: si un hombre no quiere trabajar, no merece casarse contigo.
  7. El narcisista. Sinceramente espero que encuentres un chico bonito. Pero debes ser cuidadosa: si tu pareja gasta seis horas al día en el gimnasio y regularmente postea fotos de sus bíceps en Facebook, estás en un problema. No te enamores de un hombre egocéntrico. Él puede ser bonito, pero es un hombre que está enamorado por la apariencia y, por sus propias necesidades, jamás logrará amarte sacrificialmente, como Cristo ama a la iglesia (Efesios 5.25). El hombre que siempre se está mirando al espejo nunca te percibirá.
  8. El abusador. Hombres con tendencias abusivas no logran controlar su rabia cuando una situación se calienta. Si el joven con quien tienes una relación tiene la tendencia a perder los estribos, sea contigo o con otros, no te sientas tentada a racionalizar su comportamiento. Él tiene un problema y, si te casas, tendrás que navegar por un campo minado todos los días, evitando desencadenar otra explosión. Hombres irritados hieren mujeres (verbal y, a veces, físicamente). Busca un hombre que sea gentil.
  9. El hijito de mamá. Pueden decirme anticuado, pero sospecho de alguien de 35 años que aún vive con sus padres. Si su madre aún le hace la comida, le lava y plancha su ropa, ten plena seguridad de que está parado en el tiempo. Estás pidiendo problemas cuando crees que puedes ser esposa de un joven que no creció. Retrocede y, como amiga, anímalo a encontrar un mentor que pueda ayudarlo a madurar.
  10. El controlador. Algunos cristianos piensan que el casamiento se trata de superioridad masculina. Ellos pueden citar la Escritura y sonar súper espirituales, pero, por detrás de la fachada de autoridad, hay una profunda inseguridad y orgullo que se puede transformar en abuso espiritual. 1ª Pedro 3.7 manda a que los maridos traten a sus esposas como a su semejante. Si el hombre con quien tienes una relación te rebaja, hace comentarios degradantes sobre las mujeres o parece aplastar sus dones espirituales, retrocede ahora mismo. El poder le subió a la cabeza. Las mujeres que se casan con controladores religiosos, frecuentemente terminan en un pasillo de depresión.


Si eres una mujer de Dios, no vendas tu primogenitura espiritual casándote con un joven que no te merece. La mejor decisión que puedes tomar en la vida es esperar por un hombre que se entregó totalmente a Jesús.