viernes, octubre 28, 2016

Adormecido

Algunas personas se molestan cuando se dice que la iglesia está adormecida, que no hace nada por fortalecer a los de la fe, que están en su área de confort, etcétera. Algunos incluso se defienden "piadosamente" diciendo que la iglesia existe para glorificar a Dios, olvidando que la carta de Santiago nos recuerda que "La religión pura y sin mancha delante de Dios nuestro Padre es ésta: atender a los huérfanos y a las viudas en sus aflicciones, y conservarse limpio de la corrupción del mundo."

Las siguientes preguntas podrían ayudarte a responder si efectivamente estás adormecido o no. Podrían ser muchas más, pero al menos estas me han hecho pensar. Respóndelas con el corazón:

  1. ¿Puedes decir el nombre y de dónde son las personas de su iglesia?
  2. ¿Podrías decir a cuántas personas has bendecido con una acción generosa este último mes?
  3. ¿Puedes decir cuántas personas no cristianas has invitado a tu casa en este mes?
  4. ¿Podrías decir de qué manera tu iglesia se relaciona con los vecinos más cercanos?
  5. ¿Por cuántas personas has intercedido este último mes?
  6. ¿Sabes si el dinero que das para misiones realmente llega a bendecir la vida de un misionero?
  7. ¿Cuántas Biblias regalaste este mes para personas que no conocen a Jesús?

Pensé harto en eso y descubrí una cosa: en muchas cosas estoy adormecido.

viernes, julio 22, 2016

Cuando una iglesia abandona la disciplina, ella abandona a Cristo

(El siguiente post es mi traducción de lo aparecido en http://voltemosaoevangelho.com/blog/2016/07/quando-uma-igreja-abandona-disciplina-ela-abandona-cristo/)

Ciento cincuenta años atrás, John Dagg sugirió que “cuando la disciplina abandona a la iglesia, Cristo la abandona con ella”. En ese tiempo, los bautistas y la mayoría de los otros evangélicos practicaban una meticulosa disciplina eclesiástica. Durante los siguientes cincuenta años, la mayoría de los evangélicos abandonó la práctica. Por lo menos tres generaciones hasta ahora, iglesias evangélicas en occidente han sido negligentes en esa práctica. A pesar de ello, durante ese período, el Señor bendijo muchas de esas iglesias de formas espirituales y materiales. ¿Estaba Dagg en lo correcto?

Sentimos que Dagg debería estar en lo correcto, pero... 
No dudamos en sentir que Dagg debería estar en lo correcto. Ser negligentes en una disciplina eclesiástica es desobedecer a Jesucristo. El Señor ordena que las iglesias ejerciten la disciplina en Mateo 18.15-17, como también en muchos otros pasajes del Nuevo Testamento. Aun así, Cristo evidentemente no abandonó todavía nuestras iglesias evangélicas, a pesar que de hecho nuestras iglesias han abandonado la disciplina. Ese hecho nos recuerda que no hay una simple correlación entre una desobediencia de la iglesia de un lado y de otro, oxidamiento espiritual y abandono de Cristo. Nuestro Señor juzga nuestra desobediencia en el tiempo y en la medida de su sabiduría.

Un factor que puede haber “retrasado” el juicio de Dios es que nuestras iglesias son fieles en áreas significativas del servicio evangélico. De hecho, nuestra ambición de anunciar el evangelio ha sido un obstáculo para obedecer a Cristo en el asunto de la disciplina. Muchos pastores y miembros de las iglesias temen disciplinar miembros desobedientes porque resultará en más prejuicio que ventaja en el avance del evangelio. Ahuyentará “buenas” familias avergonzadas y con rabia, dándonos un motivo de ser el hazme reír, o desagrado de parte de los no creyentes, quienes ven la disciplina como bárbara y contraria al sentido común de la compasión. Nuestras iglesias son negligentes con la disciplina por miedo a que la práctica perjudique la causa de Cristo.

Pero a pesar de nuestras motivaciones piadosas, la desobediencia es desobediencia y seremos llamados a prestar cuentas. El hecho de que el Señor muestre misericordia y paciencia hacia las iglesias desobedientes no es una excusa para esa desobediencia. Estamos presumiendo con base en la misericordia del Señor y no tenemos temor de su juicio. La abandono de la disciplina eclesiástica, sin embargo, expone a la iglesia a peligros fundamentales. La pérdida de la disciplina eclesiástica debilita las bases de la Iglesia.

Debilitando los fundamentos de la iglesia
Las iglesias que fallan en practicar la disciplina debilitan su carácter regenerativo. Al omitirla, toleran un comportamiento pecaminoso en su membresía y hacen de ellas lugares confortables para los no regenerados.

Las iglesias que fallan en aplicar disciplina debilitan también la santidad de la iglesia, ya que eso debilita a los creyentes en su lucha contra el pecado. Jesús dio la disciplina como uno de los remedios del evangelio, sin la cual nuestra santificación aflojará. Aplicar disciplina eclesiástica para nuestras enfermedades pecaminosas fortalecerá a los cristianos en su batalla diaria con Satanás, el mundo y la carne.

Las iglesias que fallan en practicar la disciplina debilitan posteriormente su espiritualidad, celo y devoción al Salvador. La disciplina enseña a la Iglesia a obedecer al Señor en un área que es desagradable, aborrecible y contraria a las sensibilidades generales de la cultura. Al ejercitar la disciplina, nos comprometemos a la forma espiritual de Cristo, incluso cuando la razón, la compasión y la civilidad vengan a argumentar que no debemos obedecer. Los cristianos , de esta forma, aprendemos a confiar en la sabiduría de Cristo en vez de en la sabiduría del mundo. Aprendemos a obedecer a Cristo a pesar de las consecuencias poco confortables.

Al descuidar la disciplina, nos capacitamos para no tomar la cruz, no temer al Señor, no sufrir deseosamente por causa de Cristo y no oponernos al mundo. Y una vez bien capacitados para descuidar la disciplina eclesiástica, la iglesia pierde su compromiso con el evangelio en sí.

Cuando una iglesia abandona la disciplina, abandona a Cristo
Ese fue el motivo por el cual Dagg dice que cuando la disciplina abandona una iglesia, Cristo la abandona con ella. Sin embargo puede ser más exacto decir que cuando una iglesia abandona la disciplina, esa iglesia abandona a Cristo. Las iglesias no pretenden abandonar a Cristo y tal vez no lo hagan completamente. Pero por abandonar la disciplina, ellas comienzan a colocar trabas entre ellas y Cristo.

Además, el principio sobre el cual ellas abandonaron la disciplina actúa como levadura, trabajando más ampliamente para debilitar el compromiso de la iglesia con Cristo y su habilidad de tomar la cruz y seguirlo. Ellas se conforman cada vez más con el mundo. Es sólo un asunto de tiempo antes de que Cristo las abandone.

En el Nuevo Testamento, el Señor juzgó a las iglesias que toleraron ofensas contra la ley de Dios. La iglesia de Corinto observó la Cena del Señor de forma pecaminosa por tolerar la inmoralidad, las divisiones, la parcialidad y el desprecio entre los miembros. Por ese motivo, Dios visitó alguna de ellas con enfermedades y a otras con muerte (1ª Corintios 11.30). El texto griego y el contexto sugieren que la falla de ellas no fue tanto una falla en reconocer la presencia de Cristo (“discernir el cuerpo”), sino una falla en la disciplina (“juzgar el cuerpo”) según 1ª Corintios 11.29. En todo caso, hay una conexión directa entre la tolerancia de la iglesia de los Corintios con el comportamiento pecaminoso y el juicio de Dios sobre ellos.

Jesús reprende a las iglesias que desobedecen su mandamiento de practicar la disciplina eclesiástica fielmente. Él amonestó a las iglesias de Pérgamo y Tiatira porque ellas fueron negligentes a la disciplina eclesiástica (Apocalipsis 2.14-15, 20). La iglesia de Pérgamo toleró a aquellos que mantenían la doctrina de Balám y otros que mantenían la enseñanza de los nicolaítas. La iglesia de Tiatira toleró a la falsa profetisa. Él les ordenó que se arrepintieran, lo que solamente puede ser logrado mediante la disciplina eclesiástica. No sabemos a dónde se extendió el arrepentimiento de los pecados de falta de disciplina. Sin embargo sabemos que Jesús juzgó esas iglesias como última instancia antes de abandonarlas.

Si nos negamos a arrepentirnos 
Si nuestras iglesias toleran el pecado no arrepentido de sus miembros, podemos esperar juicio. Por lo tanto, ya no presumamos más de la misericordia del Señor. Consideremos bien la reprimenda del Señor a la iglesia de Sardis en Apocalipsis 3.1-3:

“Escribe al ángel de la iglesia de Sardis:
Esto dice el que tiene los siete espíritus de Dios y las siete estrellas: Conozco tus obras; tienes fama de estar vivo, pero en realidad estás muerto. ¡Despierta! Reaviva lo que aún es rescatable, pues no he encontrado que tus obras sean perfectas delante de mi Dios. Así que recuerda lo que has recibido y oído; obedécelo y arrepiéntete. Si no te mantienes despierto, cuando menos lo esperes caeré sobre ti como un ladrón.”


En ese momento descubriremos que Dagg estaba en lo correcto.

(Las cursivas indican decisiones del traductor para dar coherencia en el español)

martes, julio 12, 2016

Bernabé, el mentor I

“Cuando llegó a Jerusalén, [Pablo] trataba de juntarse con los discípulos, pero todos tenían miedo de él, porque no creían que de veras fuera discípulo. Entonces Bernabé lo tomó a su cargo y lo llevó a los apóstoles. Saulo les describió en detalle cómo en el camino había visto al Señor, el cual le había hablado, y cómo en Damasco había predicado con libertad en el nombre de Jesús. Así que se quedó con ellos, y andaba por todas partes en Jerusalén, hablando abiertamente en el nombre del Señor. Conversaba y discutía con los judíos de habla griega, pero ellos se proponían eliminarlo. Cuando se enteraron de ello los hermanos, se lo llevaron a Cesarea y de allí lo mandaron a Tarso.” [Hechos 9.26-30]


Bernabé es una de las personas que parecen haber entendido el mentoreo y su responsabilidad de capacitar a una persona que pastorearía a muchos. 
En Hechos 9.26-30 vemos que Dios hizo que Bernabé pudiera discernir los dones de Pablo. Pero es interesante notar que, por la reputación de Pablo, nadie le creía, excepto Bernabé que se dispuso a mentorearlo. Bernabé lo llevó ante los discípulos para que viesen, por medio del testimonio de predicación en Damasco, que Dios le había dado dones. Entonces Pablo tuvo la oportunidad de aprender de los que más sabían en ese lugar, los apóstoles, quienes le dieron la oportunidad de predicar y desarrollar su ministerio. Una vez que los dones de Pablo fueron evidentes, lo enviaron a continuar el desarrollo de su ministerio en otro lugar.
Una de las cosas que probablemente más cuesta es ver a los demás desarrollando sus proyectos. Y a pesar de que en lo ministerial no deberíamos hablar de "proyectos personales", creo que sí podemos hablar de "desarrollo de ministerio". Personas son llamadas por Dios para cumplir con un ministerio (servicio). El Señor los capacita, moldea, prepara dentro de una comunidad donde un mentor coadyuva a explotar lo mejor de esos dones para que esa persona logre su máximo potencial, con un objetivo: que esta persona pueda desarrollar su ministerio donde Dios lo esté llamando. 
Bernabé brilló por no brillar. Bernabé brilló por ayudar a otros a brillar. Pablo y Juan Marcos son dos ejemplos de ese brillo que no brilla.
Bernabé fue un buen mentor. 

miércoles, julio 06, 2016

Desconectado para conectarse

"Habla conmigo porque Yo te voy a responder. Pregúntame y Yo te voy a contar secretos fabulosos sobre mis planes" Jeremías 33.3 (Paráfrasis mía)

¿Cuándo fue la última vez que tuviste un encuentro con Dios? O sea, ¿cuándo fue que paraste todo, apagaste el celular, te desconectaste de internet, de las personas en ese momento que Él pidió encontrarse contigo?
Si tu respuesta es "hace mucho tiempo" o "hace años" o "nunca lo he tenido"... ¿será que llegó el momento? Te lo digo porque soy yo el primero que debo hacerlo y generar, tal vez, una dinámica del tipo "retiro espiritual". Siempre debería tener espacios en mi día para responderme a la pregunta "¿Cómo son mis encuentros con Dios?"

Pensé y pensé y por increíble que parezca, no recuerdo un encuentro reciente. Me avergüenzo de ello, pero este es un buen momento para recomenzar... He tenido tiempos muy hermosos con Él, pero anhelo que sea permanente.

Dios nos está invitando a desacelerar y a reservar tiempo de calidad con Él.
De seguro traerá cambios significativos en mi vida... y en la tuya.