miércoles, octubre 18, 2017

De ser humano a divinísimo producto de marketing

 La muerte de José Pizarro el pasado 14 de octubre, marca la lamentable cosificación de quien fuera uno de los personajes más emblemáticos de los gentrificados barrios Bellas Artes y Lastarria. Y hasta cierto punto creo que el Divino Anticristo, o Isabelísima como se hacía llamar, fue una protesta viviente a este lamentable fenómeno urbano. No pudieron sacarlo de sus calles, transformándose en un "lunar" al que ahora hay que sacarle provecho.
Todos quienes lo recordamos, sabemos que su carrísimo de supermercado era su bien más preciado, porque en él transportaba toda su obra literaria, en la que podías encontrar desde asuntos relacionados a la política, hasta actualidad, pasando por religión y salud pública.  
Le compré un escrito sobre filosofía. El hombre era una máquina de los neologismos, por lo que un día le dije que había palabras que no entendía. Sin dudarlo mucho, me ofreció un diccionario de revelaciones del Diosísimo para que yo pudiera comprender su obra. No se lo compré porque era mentira que lo tuviera escrito... me pidió 30 días para hablar con su comité editorial.
Hablamos de teología varias veces. Me debo haber tomado unos 5 o 6 café escuchando sus reflexiones sobre la relación entre Diosísimo y la salud pública alemana. Supe que le daban asco las barbas hipster, asunto sobre lo cual escribió posteriormente. Pero no todo era negociable en su vida. El día de su muerte, supe que le regaló un plato plástico a mi sobrino para que comiera, el cual está siendo usado hasta el día de hoy. 
Como decía, su muerte marca el inicio de una industria del marketing en torno a él. Una industria que generará más dinero a esta nueva burguesía que seguirá subiendo los arriendos de su hábitat natural, instalando más cafeterías chic, más panaderías de masa madre, más barberías, sangucherías, teterías, heladerías y cuantas "erías" puedas imaginar.
Hace poco supe que una banda de pop nacional hizo un video donde aparece José Pizarro (ver aquí). También vi algunos 'stencil' con su cara, y una camiseta por ahí.
En fin. El Divino Anticristo, pasó de ser un 'ser humano' (indeseable para algunos, de culto para otros, prójimo para más de algún cristiano), a ser un 'producto de marketing' justamente por haber muerto. Ya no molesta. Ya no ensucia la impoluta visual del barrio Lastarria. 
Muerto, ahora es un elemento decorativo que camina en una camiseta, o permanece fijo en un stencil.

Lo menospreciado escogió Dios... para llevar esperanza

Desde el 20 de septiembre que no entraba a Colina 2. ¿Los motivos? No tenía forma de poder llegar hasta allá antes de las 09:30. No fue posible en los colectivos que salen desde  el costado de la feria Tirso de Molina; ni hablar los buses desde Vespucio Norte. Y es que no me es posible salir antes de las 08:20 desde el Metro Santiago Bueras en Maipú... hasta el lunes 16/10/2017 que mi hija Sofía no tenía clases y no tuve que ir a dejarla al colegio antes de salir a Colina.
Una sola vez llegué tarde. Gendarmería no hizo ningún problema en dejarme pasar; pero el capellán manifestó su molestia:
- "Si no van a llegar a las 09:30, mejor no vengan", dijo. 
- "Fueron 6 o 7 minutos de retraso por el tráfico en Vespucio. Además, Gendarmería no puso problemas...", le contesté.
- "Si vuelves a entrar solo después de las 09:30, te voy a suspender", replicó.
Nada qué decir. No quería ser suspendido. Quería estar junto a los hermanos del módulo 3. Frente a esto, no quedaba otra que abstenerse de entrar si acaso llegaba tarde; como el miércoles 11 que llegué a las 09:50. Esperando un rato afuera de la entrada a la cárcel, por si llegaba a ver al capellán para pedirle que me deje entrar, termino cruzando la calle para poder comprar un agua mineral, en unos quioscos que hay en ese lugar. Pero mi sorpresa fue grande cuando veo que no solamente son quioscos, sino que también es un centro de logística, de apoyo comunitario para las familias de los internos, restaurante y custodia. Eso era una gran noticia, ya que podría dejar en ese lugar mi mochila mientras entro a compartir con los hermanos. Todos dejan sus pertenencias en ese lugar: mochilas, chaquetas, billeteras, celulares. ¡Un excelente servicio! El asunto es que ese día miércoles, a pesar de no poder compartir con los hermanos de Colina 2, estuve conversando con algunas esposas y madres de los presos. A grandes rasgos, historias de delincuencia que se repiten una y otra vez... tercera y cuarta condena en dos de los casos. Para una de ellas, esto es normal, porque su hijo "eligió este estilo de vida". Y les ofrezco oración, luego de leerles una porción de las Escrituras. 
Pero este lunes sí pude entrar, como ya les había contado. Sin embargo, tampoco pude ver a todos mis hermanos; solamente pude abrazar al hermano Matías, al hermano Cristian y al otro Cristian. Y es que ocurrió que unos hermanos pentecostales que visitan la cárcel solamente los días lunes (son feriantes y aprovechan su día libre para servir en Colina 2) llevaron invitado a un pastor-evangelista brasileño, con trabajo de evangelismo en las favelas de Rio de Janeiro y trabajando contra la hambruna en pueblos del nordeste brasileño. Conversamos bastante como para que el capellán se percatara que dominaba el portugués, por lo que me pidió que le tradujera al invitado.
Es interesante cómo Dios se encarga de cumplir su Palabra cuando dice que "lo menospreciado escogió Dios... a fin de que nadie se jacte en su presencia", ya que fue realmente impresentable que el capellán de Colina 2 avergonzara públicamente al invitado, denostándolo por no manejar la sigla A.P.A.C. (Amando al Preso, Amando a Cristo), enrostrándole que la sigla viene de Brasil y que no le cree que haya trabajado en la cárcel de Brasil. Fue triste presenciar eso. Sin embargo, abogué por el invitado (ese tipo de persona que en su actitud al hablar manifiesta humildad) y hubo una confusión en el uso del concepto "capellán" en Brasil y en Chile (en brasil, la 'capelanía prisional' es exactamente la misma actividad que yo realizo, y no tiene nada que ver con el cargo de autoridad que ostenta el Capellán Evangélico de Colina 2. De hecho, existe la capellanía de hospital, fúnebre, escolar, de rescate, medioambiental, deportiva, militar, etc.). Entonces el escarnio público que sufrió el pastor-evangelista fue gratuita, injusta, desproporcionada... en pocas palabras, mala leche. 
Ante la argumentación, el Capellán Novoa pidió al pastor Julio César da Silva que predicara y yo tuve que traducir. No sé si lo hizo para enmendar el acto de injusticia realizado o no: lo que sí sé es que fue una predicación bíblica sobre la esperanza y el renovar las fuerzas en el caminar cristiano tan significativa para los hermanos del módulo 6, que los llantos de alegría resonaron en el templo. Y el pastor da Silva consoló a cada uno, entregando versículos sobre paz, esperanza y alegría a cada uno de los que se quedó para estrecharle la mano y abrazarlo. Fue tremendo.
No pude ver ni abrazar a mis hermanos del módulo 3, pero Dios me permitió traducir una predicación que me habló a mí, conocí a un gran hombre de Dios y, de paso, gané una invitación a predicar a la favela Rocinha en Rio de Janeiro.

jueves, septiembre 21, 2017

"Pastoreando" una iglesia en la cárcel

Hace un par de días, un amigo pastor me dijo: "Jano, estás pastoreando una iglesia en la cárcel".
Al principio no lo consideré como algo efectivamente cierto. De hecho, cumplo labores de tipo pastoral junto a mi hermano presbiteriano Felipe Villarroel. 
Sí creo que cumplo con una función de colaborador, compañero de lucha, consejero y expositor de la Palabra de Dios. Pero cuando pienso que la labor pastoral también es eso, tal vez sí estoy "pastoreando" una iglesia en la cárcel (insisto: ejerciendo cierta labor pastoral), no obstante que el pastor es el Capellán Evangélico de Colina 2.
En el sentido estricto, no soy pastor de la "Iglesia del Dios viviente" del módulo 2 de Colina 2. O sea, ni siquiera he sido ordenado como pastor. Tampoco pretendo que sea así, puesto que, como decía, por la gracia de Dios soy un colaborador en el rol educativo de la iglesia, ejerzo cierto liderazgo espiritual y sí soy activo en el cuidado pastoral de mis hermanos internos; y ese servicio que Dios me permite es inmensamente alentador para mis dones. Incluso es mi responsabilidad como presbítero (o anciano) de la iglesia.
Con todo, siervos inútiles somos, pues estamos haciendo solamente lo que se nos encargó que hagamos.

Sin embargo, hay necesidades pastorales urgentes por las que les ruego sus oraciones:
- Fortalecimiento del líder del módulo 3. El hermano Cristian G. necesita de nuestras constantes oraciones; la vida dentro de la cárcel no es fácil. Las luchas de convivencia son brutales, tanto con los hermanos, como con los "gentiles" del módulo 3.
- Vida espiritual de los hermanos. Las condiciones de vida en la cárcel requieren que un interno mantenga ciertas actitudes para poder hacerse respetar. El estilo de vida canero se contrapone con el estilo de vida del cristiano. Eso genera una compleja tensión para nuestros hermanos. Oremos para que Cristo sea manifiesto en todo lo que piensan y hacen.
- Violencia. Por diversos motivos, muchos hermanos acaban cediendo a la presión de vivir en la cárcel. El martes se vivió una situación de violencia entre los hermanos del módulo 3: un hermano robó cigarros a un gentil, escupió a uno de los otros hermanos y quiso apuñalar al líder del módulo 3. Fue separado del grupo de los evangélicos del módulo por asuntos de seguridad.
- Allanamientos. Las redadas de parte de Gendarmería son comunes. Ayer, miércoles 20, no pudimos tener nuestro culto porque estaban con este procedimiento y recién permitieron la salida de los hermanos a las 11.30. El motivo del allanamiento fue la muerte de una persona del módulo 4, que había estado en tensión con algunas personas del módulo 3. Las muertes de internos "gentiles" afectan a los hermanos. Para ellos, es Satanás llevándose las almas que no han conocido a Cristo. Oremos por fortaleza para ellos en cada allanamiento.

Estos son, en parte, los problemas de la iglesia donde Dios me está permitiendo ejercer una labor pastoral. Estas son las necesidades de, como dicen mis hermanos de Colina 2, las "ovejas" que Dios me está permitiendo acompañar pastoralmente.
Sin darme cuenta, en la práctica estoy "pastoreando" una iglesia de miembros que conviven con la muerte, se escupen y se intentan apuñalar... no muy distinto a lo que ocurre en mi iglesia local, donde también convivimos día a día con la muerte, nos escupimos e intentamos apuñalar, pero en el corazón. 

martes, septiembre 19, 2017

Dos horas tras las rejas

La experiencia de hoy, no tiene comparación. Nada de lo que he hecho en toda mi vida se compara a las dos horas que permanecí, junto a mis hermanos que cumplen condena, tras las rejas. 
Pero lo primero, es lo primero. La llegada habitual a las 09.30, primera reja de control: revisión, providencia 795, dejar llaves, cédula de identidad, revisión de la Biblia y libros que voy ingresando para la biblioteca de los hermanos, timbre azul sobre la piel, timbre de agua (con tinta visible a la luz ultravioleta), credencial colgada en el cuello que debe permanecer siempre visible. Segunda reja, revisión de timbres. Tercera reja, nuestros hermanos nos esperan en ese lugar para conducirnos a la cuarta reja donde podemos entrar por los timbres y la credencial. Detrás de los barrotes de la quinta reja, la del módulo 3, nos espera el hermano Cristian G. Él nos había dicho que en estas fechas siempre había alzamientos de parte de los internos; la necesidad de pasar las fiestas con la familia hace que todos anden hipersensibles. Entre los módulos 3 y 4, hay un intercambio de palabras entre los internos. Un piquete de gendarmes se pasea con cascos, palos y armas. Escuchamos promesas de puñaladas de un lado hacia el otro, antes de entrar.
El cabo Palavecino abre, deja que entremos y luego cierra. Se suma al piquete, mientras nosotros caminamos hacia el templo en el patio, por el pasillo del primer piso, que está más mojado que en otras oportunidades. Al llegar al patio, un escenario diferente nos recibe: alcanzo a contar 8 fogatas, que se transformarán en nuestras parrillas: hoy estábamos invitados a celebrar el 18 con ellos.
- "¡Hermanos! ¡Vinieron!", nos dice el hermano Williams.
- "No podía dejar de venir", le respondí.
El ambiente es festivo, no exento de algunas dosis de violencia
verbal. Discusiones menores, pero llenas de ofertas de puñaladas de un lado a otro.
- "Hermanos... hoy pensamos que era mejor no hacer el culto, para poder preparar todo", nos dice el hermano Cristian.
- "No hay problema. Esto nos bendice y edifica.", les responde mi compañero presbiteriano Felipe Villarroel.
- "Mientras las ovejas preparan todo, entremos por unos mates al templo...", replica el hermano Cristian. Seguimos su instrucción. 
Una vez adentro, nos entregan un regalo: fundas de cuero para nuestras Biblias, hechas en el taller de talabartería por el hermano Miguel. Después de unos mates, nos invitan a salir. Afuera, tienen instalada toda una tienda, con mesas, sillas, anafre artesanal, la carne y las verduras para las ensaladas.
- "Siervo, siéntese por acá" me indica el hermano Elías. Es el mejor lugar del espacio preparado. Mientras nos ofrecen un trozo de queque y un vaso de bebida, los "gentiles" del módulo colocan su música, preparan sus cosas. 
- "¿Quién puede preparar el arroz?, pregunta tres veces el hermano Cristian C. Nadie le responde.
- "¡Yo! ¡Yo quiero hacerlo!" dije levantando mi mano.
- "No siervo... usted no... usted siéntese y disfrute", me contesta el hermano Cristian C., con una sonrisa en la cara.
- "No te tienen fe Jano", dice Felipe.
- "No, es que el siervo no tiene que hacer nada, si son nuestros invitados", dice el hermano Matías.
- "Si Jesús vino a servir, la mejor forma de disfrutar es sirviendo", le dije a los hermanos, intentando persuadirlos. 
- "¿Se atreve a hacer el arroz? Son dos kilos", me dice el hermano Matías.
- "Traigan las cosas... el arroz, la olla, ajo, pimiento... lo que quieran colocar", les respondo, mientras me pongo de pie y me arremango la camisa.
Comencé a picar ajo, pimiento rojo y verde. Mientras preparo el arroz, los hermanos me abrazan cariñosamente. El ambiente es cada vez más distendido. Coloco la olla con la preparación del arroz sobre el anafre artesanal (un ladrillo con un soporte de fierro para la olla y unos filamentos conectados a la corriente con un enchufe de dudosa calidad). Mientras disuelvo un caldo maggi en un tazón (me piden colocarle ese condimento), se me acerca el hermano Víctor y me ofrece un "omeprazol canero": un trozo de pan quemado, junto a un vaso de mineral con limón y sal. Me dicen que es para cuidar el estómago. Con la sal, se sube mucho la mineral y se me derrama sobre la camisa. Es motivo de risas, así que nos reímos todos juntos. El arroz queda listo y muy bien graneado, a pesar de lo complicado (para mí) de su cocción. Mientras tanto, la carne es asada sobre una rejilla colocada sobre medio tambor, en cuyo interior arde la madera de viejos muebles y literas artesanales que ya no pueden ser usadas. 
A las 12.00, los módulos son cerrados. Hasta las 14.00, el personal está en colación y solamente queda un piquete para atender cualquier urgencia. Por ese motivo siempre tenemos que abandonar a las 12.00. Pero hoy tenemos autorización para quedarnos hasta las 14.00. Cuando llegó la hora de cierre, fue impresionante el cambio en el ambiente. Los "gentiles" comienzan a pasearse con estoques en sus manos, amarrados a sus cinturas, marcando territorio. El olor a "paragua" y a laca (que aspiran) inunda gran parte del patio.

Nuevamente se escuchan voces de amenaza y oferta de estocadas y puñaladas. Es en ese momento que el hermano Cristian, líder del módulo 3, nos invita a "conocer la cárcel de verdad".
- "Vamos a subir a las piezas. Mientras vayamos subiendo, no miren mucho a los gentiles. Andan empastillados, drogados y eso los pone más violentos de lo que son... podrían enojarse de verlos a ustedes. Sáquense la credencial y caminen como uno más de nosotros", son las instrucciones que nos da el hermano Cristian. 
- "Como usted mande hermano Cristian", le respondí.
A esa altura, y por el calor que hacía, ya estaba sin corbata y con la camisa afuera del pantalón. Comenzamos nuestro paseo por los pabellones del módulo 3. 
Efectivamente, estábamos en la cárcel de verdad. En todos los pisos la gente camina con sus estoques en las manos, se comunican con sus celulares, consumen drogas, discuten violentamente. Finalmente llegamos a la pieza del hermano Cristian. Viven 5 internos cristianos con él. Las piezas son un "departamento" de tres pisos, de 2,5 metros de ancho por casi 3 metros de alto. La de ellos está limpia, ordenada y con buen olor, a pesar de encontrarse al lado del baño. Fotos de la familia y corbatas son parte del entorno. Conversamos sobre lo complejo de vivir hacinados. Ellos lo ven como una oportunidad de convivir puliendo el carácter.
Luego, nos llevan al otro pabellón, ubicado en el otro extremo del tercer piso. En ese lugar vive el hermano Matías, el hermano Williams y otros tres más. También es un lugar ordenado y limpio. La vista de la ventana da hacia el patio del módulo 3. Allí nos cuentan que, cuando hay peleas, allanamientos o intervienen los piquetes de fuerzas especiales, ellos se encierran en las piezas a clamar a Dios para que los muertos sean los menos posibles. 
- "Acá la cosa es brígida mi hermano", me dice Matías. "Recuerdo un joven que era de este piso y bajó al patio para jugar a la pelota... cuando estaba en la cancha, vino un gentil y le puso una pura estocada en el corazón. Lo atravesó de lado a lado. Cuando sacó el estoque, cayó un pedazo de corazón al piso y la sangre salía como una motobomba."
- "En momento así uno percibe que está en la segunda cárcel más peligrosa del país", agrega Víctor.
Desde la cama del hermano Matías, pienso que efectivamente Dios es bueno al permitirme conocer toda esta cruda realidad. Soy bendecido de poder servir en este lugar.
Bajamos al patio. Los hermanos nos sorprenden nuevamente. Tenían todo listo. La mesa puesta, las ensaladas aliñadas. Era hora de comer. El hermano Felipe ora. Comemos, nos reímos, nos alegramos juntos, nos sacamos fotos. El cariño se siente en cada cosa preparada. La hora de apertura de las rejas está llegando.
Oramos juntos por Chile. Damos gracias por las autoridades, por Gendarmería y por los jueces en los tribunales. 
- "Gracias hermanos por este día. Por estas dos horas tras las rejas. Por este tiempo de compartir que es tan espiritual como el culto de cada día..." son las últimas palabras que dejamos a nuestros hermanos de Colina 2. Hermanos que, como lo he dicho anteriormente, son libres a pesar de estar momentáneamente tras las rejas.