jueves, septiembre 14, 2017

"Lo quiero mucho siervito..."

No pensaba escribir hoy, pero acá estoy.
Hay 43,7 kilómetros entre mi casa y el C.C.P Colina 2. Generalmente logro llegar antes de las 09.30 hrs. Hoy no fue uno de esos días. Tampoco llegué exageradamente tarde. Estaba estacionando el auto de mi amigo Alexis a las 09.36. En el registro de la primera reja, el Gendarme anota mi hora de ingreso: 09.40 hrs. Diez minutos tarde. Y se notaron...
Sin ningún problema, llegué hasta la tercera reja (a pesar que había allanamiento en el módulo 4), que es donde nuestros "guardadores" nos esperan. Hoy, no había ninguno de ellos. Como no tengo mi teléfono celular, no puedo avisar que llegué; opté por caminar solo. 
- "Buenos días pastor", es lo que más escucho mientras camino hacia el módulo 3.
- "Buenos días. Dios le bendiga".
- "Pastor, ore por mi hijita que está enferma..." Cuando escucho esto, me detengo, miro al "gentil" a los ojos y le digo:
- "¿Cómo se llama?"
- "Emilita... lleva tres días en el hospital"
- "Oremos...", le digo tomando sus manos. Un tibio silencio se generó por los minutos que duró esa oración. Sus manos llenas de cicatrices me hablan de una vida dura, pero que frente a la angustia de la enfermedad de una hija, se ponen temblorosas, al igual que su voz.
- "Gracias siervo del Señor", me dice abrazándome. Le sonrío dándole unas palmadas en su cara, me doy media vuelta y sigo mi camino.
Cuando llegué al módulo 3, el Cabo Palavecino me saluda y me abre la quinta reja y camino solitariamente por los pasillos, entre literas, la basura y los escombros de los arreglos que están haciendo en los baños del primer piso del módulo. Cruzo el patio saludando a los "gentiles", hasta que mis hermanos me divisan y salen a mi encuentro.
- "Siervo Jano, ¡¿entró solo?!, me dicen con sorpresa.
- "No vi a nadie y me atreví a entrar. Disculpen si estuvo mal...", les dije.
- "No, para nada. Solamente que nos sorprende que haya llegado hasta acá"
La mayoría de nuestros hermanos tenían talleres hoy: carpintería, electricidad, albañilería. Antes de salir, se reúnen en círculo y oran los unos por los otros. Todos ellos van con gozo. El líder de alabanza, el hermano Cristian (otro distinto al líder del módulo), se me acerca y me pregunta al oído:
- "Siervo, ¿usted puede dirigir la alabanza hoy? Nuestro hermano Williams y nuestro siervo Cristian tienen taller y nadie más sabe tocar guitarra".
- "Yo puedo, pero no me sé el repertorio..."
- "No se preocupe. Lo que el Señor ponga en su corazón. Nosotros lo seguimos".
Antes de comenzar el culto, un tiempo de consejería con el hermano Williams.
Así terminé enseñando una canción y cantando un repertorio de antiguas canciones. También una que aprendí de ellos. Cuando llegó el momento de la pedicación, el coordinador me asigna también esa responsabilidad. Llevaba preparado el Salmo 19. 
Una vez terminado el culto, nos sentamos en círculo para matear. Tres mates calientes acompañaron nuestra conversación sobre los últimos años de la dictadura en La Legua y en la San Gregorio. En ese tiempo, niños y adolescentes jugando a tirar cadenas al tendido eléctrico. Conversamos y planeamos que cada miércoles haremos un culto más corto e invitaremos a los "gentiles" para orar por ellos, ya que hemos visto que es una necesidad latente. 
Llegó la hora de partir. Por algún motivo, nos llevan al módulo 6, pero a medio camino nos ordenan salir. Internos del módulo 4 están lanzando su comida al suelo desde el tercer piso. Protestan por el allanamiento. El hermano Luis es el comisionado para llevarnos hasta la tercera reja. Antes de cruzar la cuarta reja, uno de los hermanos del módulo 3 me abraza fuertemente y me dice:
- "Lo quiero mucho siervito Jano..."
Que te lo diga una persona que ha sido condenada por robo con intimidación y robo con violencia, hace que esas palabras valgan mucho más de lo que puedes imaginar. 
- "Yo también lo quiero mucho hermano... yo también"

lunes, septiembre 11, 2017

Cuenta la historia que en Colina...

El miércoles pasado, como todos los días de lunes a viernes, desperté a las 06.00
Debo ser sincero. No tenía ganas de ir a Colina 2. Ninguna. Pensé en mentir para no quedar mal con la gente. Pero no pude. Me levanté, sin ánimo, y me fui.
Llegando allá, Dios usó a mis hermanos de la "cana" para levantar mi ánimo, a pesar de mi mismo. Y es que la forma en que cantan, oran y entregan cariño, contagia.
Hoy lunes, fue diferente mi actitud. Me levanté con ánimo, con ganas de poder verlos y adorar juntos, abrazarlos y orar con y por ellos. "Acordaos de los presos, como si estuvierais presos juntamente con ellos..." fueron las palabras que mi amigo Daniel Kennison me invitó a tener en mente. Así que lleno de ánimo, partí.
La niebla cubría gran parte del camino a Colina. 3ºC marcaba el termómetro... y dentro del módulo 3 se sentían lo suficiente como para hacerte tiritar de frío.
- "Un matecito siervo", me dice el hermano Miguel.
- "Por favor", le respondo yo. No fue hasta después del tercer mate que entré en calor.
Percibo algunas necesidades puntuales, como un afinador de guitarra, un cable para guitarra eléctrica y cuerdas, tanto para guitarra eléctrica, como de nylon para guitarra acústica. Pero a pesar de las falencias técnicas, mis hermanos cantan como si no hubiese mañana. La primera en ser entonada hoy es una canción que aprendí allá:

"¿Quién vive, quién vive? ¡Cristo vive!
A su nombre, a su nombre, gloria para Él.
¡Maranata, Maranata, Cristo viene!
Diga el débil, diga el débil, ¡Fuerte soy!
Todo lo puedo en Cristo que me fortalece..."
Probablemente no sea una canción con profundas reflexiones teológicas, pero es pura Palabra cantada.
Pero hay una canción que hoy me llamó poderosamente la atención. No recuerdo la melodía, pero relataba diversas historias de personajes de las Escrituras. Elías, Eliseo, Daniel, David, todos ellos mencionados como personas que alababan al Dios viviente (que dicho sea de paso es el nombre de la iglesia del módulo 3: "Iglesia del Dios viviente"). La última estrofa de la canción dice:

"Cuenta la historia 
que en Colina
se alaba al Dios viviente..."
Y ¿saben una cosa? La historia es verdad. Después de un poco más de un mes visitando a los hermanos de la "Iglesia del Dios viviente", puedo decir que efectivamente, en Colina 2, en el módulo 3, bajo el techo que se divisa detrás de las camas de los internos, se alaba el Dios viviente... con tanto fervor, que mi corazón es fortalecido; fortalecido para alabar al Dios viviente.

viernes, septiembre 01, 2017

Un día "normal"

Como cualquier día normal, entramos a las 9.30
Luego de haber pasado la primera y la segunda reja, llegamos hasta la tercera reja, donde un grupo de unos 20 reclusos estaban sentados uno detrás de otro. Algo así como en esta foto, pero estaban todos vestidos. Me recordó la película Carandirú. El motivo: estaban en medio de un procedimiento en el módulo 7.
- "¿Dónde van?", nos pregunta un sargento.
- "Al tres", responde Felipe.
Con la cabeza nos autoriza a entrar. Cuando pasamos el portal de la tercera reja, nadie nos esperaba al otro lado. Teníamos dos opciones: o esperábamos allí, exponiéndonos a que los Gendarmes nos manden de vuelta a la segunda reja, o caminar sin "protección" hasta nuestro módulo. Optamos por lo segundo. 
Cuando llegamos a la reja del módulo 3, tampoco estaban los hermanos encargados de nosotros. Felipe nos dice que mejor vayamos al módulo 6 y de allí busquemos entrar al 3. Cuando llegamos al 6, estaba cerrado y sin un Gendarme en la puerta, como en un día normal. Claro... en el 7 hay un procedimiento de allanamiento. Desde dentro del 6, el hermano Luis Piutriñ solicita a otro de los hermanos del módulo 6, que estaba haciendo tareas de limpieza, que nos lleve hasta el templo del 3. Cuando llegamos al templo "Iglesia del Dios viviente", los hermanos estaban tomando sol. Se sorprenden cuando nos ven llegar. Debo reconocer que algo extraño había en ellos. No supe qué, pero estaban, en un comienzo, idos, distantes, ajenos.
Rápidamente el hermano Cristian nos invita a servirnos mate. 
- "Siervo, un matecito antes de comenzar", nos dice, mientras da órdenes de que seamos atendidos con celeridad.
El culto comienza con una oración de rodillas, pidiendo a Dios por nuestras faltas. Me invitan a orar para levantar la oración. "Somos indignos de ti, pero nos has limpiado para invitarnos una y otra vez a celebrar culto a Ti, oh Señor", fueron las palabras que finalizaron mi oración. Luego, cantamos, como un día normal. 
- "Vamos a dar la oportunidad a nuestro siervo Jano, quien va a adorar al Señor con una canción", dice el coordinador del culto. Me pongo de pie, me cuelgo la guitarra y un hermano me sostiene el torpedo para no olvidar la letra de la canción. La canción escogida es "Tú no eres una religión" del repertorio de canciones de Iglesia UNO.

"Tú no eres una religión.Tú no esperas que yo haga algoa cambio de tu bendición.Tú no buscas en mi corazónmis pecados y mis erroresacusándome quién soy.
Para Ti, soy tu hijo amado al ser entregado mi corazónY a mí, tú me has colocado en Tu gloria, adorando por siempre.
Tú buscaste cómo estrecharla brecha que nos separabaa causa de nuestro pecar.Con sangre fuiste pronto a pagarla deuda que nos ahogabapor toda la eternidad.
Para Ti, soy tu hijo amado al ser entregado mi corazónY a mí, tú me has colocado en Tu gloria, adorando por siempre.
Tu misericordia y tu gracia me das.Por los siglos, Cristo eres Tú.Desde siempre y para siempre me amarás,y esperamos en tu fidelidad"
Cuando me voy a sentar en uno de los asientos de los coristas, el hermano Alberto, que estaba al lado mío, me dice "Gracias por recordarme que para Dios soy su hijo amado... no sabe cuánto me cuesta comprender que alguien haya hecho algo por mí..." Nuestro hermano que coordina dice maravillosas palabras: 
- "Hermano, Dios le bendiga. Vamos a pasar a la parte más importante de este servicio al Señor, como es escuchar Su Palabra. Disponga su corazón para recibir el alimento espiritual, dando tres gloria a Dios..."
- "¡Gloria a Dios! ¡Gloria a Dios! ¡Gloria a Dios para siempre!", repetimos todos.
La predicación, Romanos 8.28-39 y el mensaje contundente que la salvación no se pierde, porque nada podrá separarnos del amor de Dios en Cristo Jesús.
Finalizamos el culto y nos vuelven a servir tostadas con margarina. Deliciosas. Y nos vamos entre mate y té, como un día normal.
Llegadas las 12.00 tenemos que salir raudamente. En la puerta, muchos internos y,
nuevamente, no hay Gendarme. Vuelvo a romper los "protocolos de seguridad" de nuestros hermanos evangélicos para poder abrazar y orar por un "gentil". Y es que de verdad es complejo en una cárcel donde sólo hay 2 Gendarmes por cada 200 reclusos.
Nos despedimos con un abrazo de nuestros hermanos custodios.
Salimos. Como un día normal. Aunque me cuesta decir "normal" en un lugar donde las riñas violentas se repiten dos o tres veces por semana y donde el año pasado dejó 40 muertos.
Sigamos orando por ellos.

miércoles, agosto 23, 2017

Mate, tostadas y la seguridad de la salvación

Después de la tormenta, siempre viene la calma. Eso dice el dicho popular. Hoy, no fue la excepción. Después de la tensa semana pasada, hoy pudimos entrar sin mayor problema directo al módulo 3. El hermano Cristian Gutiérrez y el hermano Cristian Cornejo (pide nuestras oraciones por un tumor en el cuello) nos esperaban en la tercera reja para llevarnos hasta allá. 
El módulo 3, como relataba anteriormente, es muy diferente al 6. En las escaleras de la entrada hay un contenedor de basura para recibir los residuos desde los pisos superiores. Nadie se preocupa si la basura orgánica cae o no cae dentro del contenedor. El resultado es ese olor nauseabundo del que les hablaba. El primer piso tiene muchas filtraciones, hay basura por los pasillos, las letrinas están expuestas, pero el templo de la "Iglesia del Dios Viviente" nos acoge. 
Lo que ven acá (foto usada con permiso) es el púlpito del templo del módulo 3, junto con mi querido hermano Cristian Gutiérrez, un hombre de recién cumplidos 29, pero que aparenta más de 40. "La droga, la maldad y la mala vida a uno lo van envejeciendo..." nos dice con algo de tristeza. Nos invita a sentarnos y conversar un mate antes de comenzar el culto. Aprovechamos de preguntar más detalles de sus vidas a los hermanos. Todos son de Santiago: Lo Hermida en Peñalolén, Huamachuco en Renca, Sara Gajardo en Cerro Navia, Rosita Renard en Ñuñoa, son algunos de los lugares de donde vienen nuestros hermanos. 
El mate corre mientas hablamos de necesidades, sueños y anhelos. Un parlante para el micrófono (de esos con los que cantan los músicos en las micros) es la necesidad más imperiosa. Mi hermano Felipe Villarroel ya está gestionando eso. Eso les anima mucho.
Comenzamos nuestro culto al Señor. Cantamos y oramos. Me dan la oportunidad de predicar nuevamente. Isaías 43.1-21 es el texto que los invito a leer. "Todos los llamados de mi nombre; para gloria mía los he creado, los formé y los hice... Vosotros sois mis testigos, dice Jehová, y mi siervo que yo escogí, para que me conozcáis y creáis, y entendáis que yo mismo soy... Yo, yo Jehová, y fuera de mí no hay quien salve... Lo que hago yo, ¿quién lo estorbará?... No os acordéis de las cosas pasadas, ni traigáis a memoria las cosas antiguas... He aquí que yo hago cosa nueva... Este pueblo he creado para mí; mis alabanzas publicará..." Estos son los énfasis a los que llevé a mis hermanos a reflexionar. Luego, un llamado a pedir perdón a nuestro Señor. Brotan los "Gloria a Dios" en medio de algunos sollozos. La Palabra ha sido predicada.
Probablemente esto no sea relevante para algunos de ustedes, pero para ellos, a quienes siempre les dice que la salvación se pierde, fue un mensaje que les llevó al arrepentimiento y a la fe en Jesucristo. De hecho, tienen instrucciones de rechazar a cualquiera que les enseñe que la salvación no se pierde; pero hoy, sin decirles explícitamente eso, dejamos que la gloriosa Palabra de Dios se los dijera. 
Terminamos nuestro culto y nos sentamos al rededor de una mesa. Nos honran con un tazón de té caliente (que se agradece mucho porque el frío en el módulo penetra hasta los huesos) y unas maravillosas tostadas con margarina. Sinceramente no merecemos tanto cariño, pero lo aceptamos con alegría en el corazón.
Antes de salir, nos comentan que elevaron una solicitud para quedarnos un día hasta las 14.00 para almorzar con ellos. 
Cuando llegamos a la reja del módulo 3, no había Gendarmes. Los internos estaban reclamando con gritos e insultos. Algo tenso en medio de tanta quietud... de hecho, nos estaban llevando de vuelta al templo para nuestra seguridad. Pero en ese lugar, ocurrió un contacto maravilloso: un interno no creyente me toma del brazo y dice: 
- "Esto es lo mejor que me puede pasar hoy... necesito que ore por mí"
- "¿Cómo te llamas?", le pregunto.
- "Arturo me llamo yo... mire pastor (me muestra su costado con una de esas bolsas para contener desechos directo de los riñones. También deja en evidencia una serie de cortes en su piel, producto de riñas)... no me siento bien".
- "A ver si la otra semana nos acompaña en el culto", le dice mi amigo Felipe.
- "En la cárcel es difícil seguir al Señor..." nos responde.
Simplemente lo abrazo y le digo:
- "Lea Isaías 43.1-21. Es lo que compartí a los hermanos hoy. Cristo es la seguridad de nuestra salvación".
Así es... Jesucristo es la seguridad de nuestra salvación. Nada estorbará Sus planes para con nosotros.